domingo, 28 de junio de 2009

Sueños

Por la tarde el sopor de mis entrañas se arremolinó en mi cuello, cortando de manera intermitente el corriente sanguíneo hacia mi encéfalo. La ultima visión que captó mi consciente fue la de mi cuerpo cayendo hacia adelante.

Después sólo vi una nube, que fue cortada por estallidos de colores brillantes.

Los colores pasaron a ser personas, sentadas en un verde jardín, con la luz de la tarde siendo reflejada por sus sonrisas. Eran felices, cantaban, bebían, me invitaban a unirme, y lo que hice fue mirarles como bichos raros, caminar alrededor de ellos y dirigirme hacia donde las nubes grises chocaban con el filo del horizonte.

Ese horizonte se volvió un abismo. De pronto estaba a su orilla, cuando un segundo atrás me separaba de él un espacio infinito. Ni siquiera salté, fue mas como dar otro paso, para caer.

Y caí.

De nuevo en la caída me cubrí en colores. Buscaba ver mis manos, pero estas eran sombras, sobras que ahogaron el color en gritos, que no eran mas que susurros, susurros que fueron plumas que amortiguaron mi descenso, que me había encaminado a un pasillo gris, repleto de puertas que me regresaban al mismo punto de partida. Toqué la pared, esperanzado a encontrar un foco que revirtiera la gris vacuidad en que vagaba.

Lo encontré.

Y ahora flotaba.

Estaba en el centro del universo, por momentos negro, por momentos bañado en la radiación de las estrellas.

Ahora era Dios.

Borré lo que existía, y reconstruí el universo de nuevo.

No fueron 6 días.

Bastó con un momento.

Descendí a esa nueva tierra que con mis manos y en un instante que duró billones de años formé.
Estuve un momento que se extendió 33 años. Acabó de manera súbita al verme ejecutado.

Cuando los clavos atravesaron mis muñecas y mi cuerpo se tiñó de sangre, El color volvió a cubrirlo todo. Estaba en ese espacio mas allá de lo real. Los colores eran ahora sonidos, y los sonidos tomaron forma de voces, que me empezaron a llenar de conocimiento. Conocimiento que tomó forma de torrente, y sentí que empezaba a llenarme, como si yo fuera una cisterna. La cisterna se lleno, y de todos los orificios que me conformaban empezó a brotar sabiduría, De sabor a maná, tan tibio y luminoso como todos los soles juntos.

Pero fue tanto el torrente que entraba como el que salia que solo me disolví en él, cual estatua de sal.

Y el torrente ahogó el universo que creé.

Lavó el pasillo por que que llegué.

Colmó el vació al cual salté.

Se llevó a la gente feliz.

Y me hizo vomitar la sangre que llenaba mis pulmones.

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