Ya tengo semanas que toda mi rutina se ha reducido a venir a esta esquina.
¿Cuantas?
En realidad no lo puedo decir, perdí la cuenta después de que pasó la primera.
Pero ya se ajustan muchas desde que empecé.
Llego, me siento en el mismo cajete y simplemente me pongo a esperar.
El primer día nadie me notó.
Para la primera semana uno que otro curioso de las inmediaciones se preguntaba el por qué de mi presencia, se los notaba en las miradas, pero finalmente nadie se atrevió a preguntar por que estaba ahí.
A diario.
De sol a sol.
Pacientemente esperando.
Horas, días, semanas pasaron hasta que de nuevo la gente se acostumbro a mi inmutable presencia.
Era una parte más del inerme paisaje urbano, indistinguible del concreto, del asfalto, de esos edificios fríos de acero y cristal, de las pocas plantas que hacían menos estéril la avenida en la que se podía decir, convivía en simbiosis.
Pero un día te detuviste tú, interesada a saber que era lo que me tenía ahí a diario.
-Me llama la atención verte aquí todos los días, perdón por la pregunta, ¿pero qué haces aquí, esperas a alguien ?
-Sí, así es, estaba esperando a alguien, te esperaba a ti.



¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡aaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!
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