Mis dientes despostillados muestran las primeras señales de la mañana actuando sobre su cubierta cobalto desenmarañada por el pasar de los años, todos juntos en un instante que se precia de también ser eterno. Yo persisto en mi temporalidad constante mientras espero por el alba que marque la ultima aparición del sol en nuestra vidas, antes del ultimo ocaso y la noche eterna. Espero el final, y lo espero con ansias, porque cuando llegue traerá consigo el comienzo, y el comienzo es una oportunidad de demostrar que los errores que te dieron muerte te regresaran a la vida de nuevo, aquí conmigo, justo al lado del lecho que luce vacío desde el día que decidiste irte para que yo ansiara tu regreso. En mis bronquiolos se agolpa junto el ahogo la idea de que sigo durmiendo, y de que al despertar en el sueño, la realidad quedará atrás como una pesadilla que no me tocara de nuevo, pervirtiendo más mi pensar y degenerando mis fibras de nervios, que conectaban la tierra con el cielo, y ahora conectan mi corazón al ombligo, justo para proyectar la sensación de alivio que me produce el oír a tus palabras galopar en el horizonte, que ya no es amarillo, sino que se vuelve violeta, en señal de luto, en señal de riqueza; todo ello para decirme que ha valido la pena enfocarme en mi limpieza, tallando mis codos mohosos para que reluzcan con el brillo del magnesio ardiente, mismo que tus ojos me mostraron una ves, y que en su momento me permitieron echar un vistazo al cielo, con el objetivo de que pudiera creerlo verdadero, y en ti fundara mi iglesia, que, consagrada a tu culto, le daría a los hombres la verdadera clave para denotar el amor universal del cual nos alimentamos, esa panacea que creíamos perdida y que coexiste con nuestras almas en el templo espiritual andante que siempre fuimos. Me sumergí en tus misterios, para encontrarme repleto, denotando la verdadera naturaleza de mi ello, por que el yo es una estafa, una mascara con la que encubrimos la farsa de la mentira diaria. Este único momento dio pie a mi despertar, ver que verdaderamente no hay otro sueño que valga la pena que el lucido. En la concepción onírica que doy al mundo, pilar basal de marfil, ébano, caoba y oro resultas tú. Para la alquimia ahora hay respuestas, el silencio ya no expresa otra cosa que una paz venidera, el fuego nos espera para purificarnos, no tarda, no tarda en llegar, esa agua que lavará nuestros pecados y que dejará el aire fresco.
Vi el camino, ahora me enrole en él, lo sigo, su sendero sinuoso me conducirá a las cavernas, para pasar a las montañas y llegar al valle del oro, denotando que ahí el mineral no es moneda de cambio, después siguiendo derecho entre estatuas de sal para, en mú, donde los atlantes reposan, darme cuenta que mi esqueleto es innecesario para mantener mi forma elemental, y mostrarme reducido ante ti, por que así me conocerías puro y elemental, y no deseo mostrarte ninguna otra cosa más que eso.
Esto no lo verán tus ojos, no los de carne. Aunque si llegará a ser percibido por la forma constante de tu alma.
domingo, 26 de abril de 2009
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