Estuve a la orilla de la pestilencia, bajo el sol hiriente del medio día.
Meditaba sobre mi vida, para variar, cuando, el agua podrida deja ver, entre reflejos, un cadáver ya descompuesto.
Me acerqué y miré con detenimiento
- Sí, mis ojos no me engañan, un muerto veo.
Dije en voz alta, sin importarme que hubiera quien me escuchara.
-Sí, lo veo ya de nuevo, mi mente quizás regresa a ser la de antes.
Insistí de nuevo con decirlo fuerte y claro, que más daba, ni quien me lo objete.
Me dí media vuelta, me alejé de la pestilencia.
El muerto del fondo no importaba, ya eran huesos, ya eran recuerdos.
Pero aun así meditaba.
Preguntándome, para mis adentros: ¿Será de nuevo mi mente o aquello era verdadero?,
mejor lo dejo así, apenas acabo de salir como para que visite el zapote de nuevo.
Y así, tranquilamente, me fui por donde había llegado.
domingo, 22 de marzo de 2009
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